En el B.O.E. de 14 de abril de 1951 se publica la Orden Ministerial que autoriza a Iberduero a realizar las obras del pantano de Jánovas, al que declara de utilidad pública, lo que permite la expropiación forzosa de los terrenos y bienes de los habitantes del valle del Ara, en el Sobrarbe de Huesca y comienza el calvario para las gentes de Jánovas, Lacort, Lavelilla... Se va a inundar el valle.
En la década de los 60, en plena dictadura del General Franco, a muchos los convencen para que vendan casas y tierras, otros aguantan hasta la expropiación y otros, los que no tenían nada que expropiar ni vender, permanecen ahí, mientras Iberduero va dinamitando las casas sin previo aviso para echarlos, convirtiendo Jánovas en el escenario de un bombardeo de guerra y poniendo en peligro a los pocos que ahí quedan.

Las gentes del valle se van a Barbastro, Barcelona, Zaragoza... para empezar una nueva vida que no habían pedido. Dejan atrás las casas en las que nacieron, sus calles, los campos que cultivaron sus padres y sus abuelos, a sus muertos... pensando que todo aquello quedará para siempre cubierto por las aguas.
Pero pasan los años, los problemas técnicos del proyecto se suceden, se duda de su rentabilidad y la construcción nunca se lleva a cabo. Iberduero se convierte en Iberdrola y acaba vendiendo la concesión a Endesa. Por fin, en 2001 -50 años después- el proyecto recibe la declaración de impacto ambiental negativo, desaparece del Plan Hidrológico Nacional y la

caducidad de la concesión está a punto de producirse. Cuando esto ocurra se iniciará, una vez más, pero tal vez la definitiva, solicitud de reversión que sin duda planteará a vecinos y Administración nuevos y complicados retos.
(Fotografías: Jánovas, años 50. Lacort y Lavelilla actuales)
HABANERA TRISTE
Mi casa era un barco velero
cada vez que madre hacia la colada,
con velas de sábanas blancas
tendidas a los vientos de estas montañas.
Un barco de piedra en el valle,
anclado hace siglos a orillas del Ara,
frente a la isla de Lavelilla
y entre las costas de Fiscal y Boltaña.
Quién me iba a decir a mi,
que soñaba con el mar,
que en un maldito pantano, ayayay,
mi casa iba a naufragar.
A Jánovas digo adiós,
a Lavelilla y Lacort;
adiós, barquitos hundidos, adiós;
mi pobre país, adiós.
Y aunque han pasado muchos años
no podré olvidar nunca aquella mañana
en que descubrí que no solo en los cuentos
siguen existiendo piratas.
Cuando al abordaje tomaron
el pueblo y tuvimos que marchar de casa,
y al ver las lágrimas de madre
a pique se me fue de golpe la infancia.
Quién me iba a decir a mi,
que soñaba con el mar,
que en un maldito pantano, ayayay,
mi casa iba a naufragar.
A Jánovas digo adiós,
a Lavelilla y Lacort;
adiás, barquitos hundidos, adiós;
mi pobre país, adiós.
Fuegos fatuos entre las ruinas,
restos de naufragio en una triste playa:
aún hay noches en que navega
por mis pesadillas un buque fantasma.
Y siempre que surca mi alcoba
despierto empapado de sudor y rabia,
pues se que han venido a anunciarme
que en mi pueblo muerto ha caido otra casa.
Quién me iba a decir a mi,
que soñaba con el mar,
que en un maldito pantano, ayayay,
mi casa iba a naufragar.
A Jánovas digo adiós,
a Lavelilla y Lacort;
adiós, barquitos hundidos, adiós;
mi pobre país, adiós.
mi pobre país, adiós
La Ronda De Boltaña
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